El futuro y la Justicia Digital

A nadie se le escapa que vivimos en un mundo prácticamente digitalizado y por ende informatizado e interconectado. Y se interconectan no sólo las personas e instituciones humanas, sino también las cosas (Internet of Things – IoT): el frigorífico, la lavadora, la domótica de casa, etc.

De esa manera, el homus digitalis recibe constantes inputs también digitales en cualquier momento, incluso paseando por la calle o tomando el sol en la playa. Y esta realidad no va sino a más, fomentada por tabletas, teléfonos, pulseras, televisores y relojes, todos ellos inteligentes.

¿Y en el Derecho? ¿También ha penetrado la revolución digital en una práctica milenaria, como es la jurídica? ¡Vaya si lo ha hecho! Las bases de datos jurídicas empiezan a estar anticuadas, y ahora contamos con sistemas informáticos inteligentes y expertos, basados en inteligencia artificial y lógica difusa, para realizar escritos y alegatos. El papel está condenado a desaparecer, al menos fuera de nuestros despachos profesionales, con los sistemas Lexnet y el expediente electrónico. Están desapareciendo también las actas, mientras que se va imponiendo la videoconferencia para tomar declaraciones (v.g. desde prisión).

Lo que debe tener en cuenta el jurista respecto de la era digital es que esto no ha hecho más que comenzar. Ahora, en los Centros de Arbitraje más digitalizados, y en pocos años en la práctica jurídica cotidiana, vamos a ver y utilizar en nuestro trabajo estos avances que siguen y que ahora parecen futuristas, producto del mundo digital en el que estamos y al que nos dirigimos:

  • Alegatos y Sentencias digitales con realidad virtual y aumentada incrustada, que puede ser especialmente útil para la reconstrucción de los hechos (v.g. de un accidente de tráfico). Asimismo, los futuros alegatos y Sentencias se publicarán en tablones digitales, y contendrán presentaciones, declaraciones, fotografías y videos incrustados. No habrá ya más copias o ejemplares (ni siquiera digitales) de los escritos y Sentencias o Laudos, sino su simple almacenamiento y puesta a disposición digital
  • Entornos virtuales con reconocimientos 360 grados y en streaming, donde las partes y los árbitros o jueces van a poder dirigir su mirada digital a cualquier parte de una sala de vistas virtual, o del lugar real donde se ha producido un hecho relevante para el pleito
  • Sistemas de mensajería instantánea con las sedes arbitrales y judiciales (tipo WhatsApp o Telegram), y de almacenamiento virtual de todos los materiales y comunicaciones de un juicio o procedimiento arbitral, indexados y a disposición 24/7 de todos los actuantes (tipo Slack)
  • Traducciones simultáneas automatizadas, de manera que cada interviniente podrá actuar en su propio idioma mientras que los sistemas inteligentes de traducción automática en tiempo real nos traducirán al idioma seleccionado por cada actuante
  • Y lo más controvertido: la automatización de los procesos referidos a los alegatos y/o conclusiones, y de la propia Decisión. De tal manera, que hay quien ya vaticina la práctica desaparición de las profesiones jurídicas. Así, se podría dar una situación en la que ya no intervengan seres humanos en los litigios sino Jueces o Árbitros digitales, y también Abogados digitales en una suerte de “cajero automático” jurídico, que proporcionaría la resolución aplicable como output (Laudo o Sentencia) necesariamente ligado a los inputs (hechos) que se introduzcan en un sistema experto

De esta manera, podríamos plantear un caso hipotético de arbitraje digital en el futuro como éste: accidente generador de daños acaecido en un acoplamiento con fines de suministro en la Estación Espacial Internacional (ISS: EEUU, Rusia, Japón, UE, Canadá). El proveedor responsable es australiano, la compañía aseguradora alemana, y el sometimiento a arbitraje se realiza en el Centro de Arbitraje y Conciliación de Bogotá (Colombia), que designa tres árbitros, los cuales resultan ser de nacionalidad china, española y neozelandesa.

En un caso hipotético como el planteado y en no muchos años, lo lógico es pensar que el Arbitraje será enteramente digital, y que se realizará un uso intensivo de las TICs, incluyendo videoconferencias, chats, almacenamiento indexado de materiales (como en Slack), etc. Sin ningún tipo de desplazamientos, ni uso de papel ni de ejemplares o actas, etc. Mucho más, en ámbito como el arbitraje, con sus inherentes exigencias de economía, sencillez, flexibilidad y rapidez.

Los alegatos y conclusiones se realizarían por videoconferencia o en una sala virtual, ayudados de proyecciones tridimensionales y hologramas, y de la reconstrucción virtual de los hechos mediante realidad virtual y aumentada, quedando todo registrado y disponible en la plataforma, para poder ser reproducido a voluntad, y haciendo uso también de las traducciones automatizadas a tiempo real, puesto que cada parte y cada actuante en el procedimiento arbitral interactuaría desde su propio país y en su propio idioma.

Sobre los fundamentos jurídicos, los Letrados y los Árbitros se van a servir de potentes motores de búsqueda y de los sistemas expertos que hacen uso de la lógica difusa y la inteligencia artificial. Para discutir el Derecho, imaginemos que los Abogados solicitan conectarse virtualmente con la sede de UNCITRAL (NU) en Suiza, para acceder a su recopilación mundial de legislación y jurisprudencia comercial. Incluso podemos imaginar que UNCITRAL actúe como experto independiente, y emita una propuesta automatizada de laudo, tras analizar telemáticamente y de manera automatizada los alegatos y las pruebas planteadas en el caso, el Derecho Internacional y la jurisprudencia mundial que resultaría aplicable sobre el Derecho de daños.

Hablamos de futuro, pero de un futuro más cercano de lo que pudiera parecer. La gran pregunta sería entonces: una digitalización exacerbada, sobre todo aquella que se parezca a un “cajero automático” jurídico, ¿tiene sentido en una materia tan humana como el Derecho y los litigios entre personas e instituciones humanas? ¿Sirve para objetivar, o para petrificar y perpetuar los errores?

En otras palabras, ¿queda algo para el talento y la innovación jurídica? Algo debería quedar, la realidad social cambiante debe producir cambios en el Derecho. Al fin y al cabo, la innovación en el mundo jurídico es romper con los precedentes y con lo establecido, que nunca sea nada del todo imposible si podemos argumentar con lógica y buena técnica jurídica.

Caso contrario, la opinión del autor es que no estaríamos en realidad avanzando, sino retrocediendo a la época de las XII Tablas de la Ley, cuando la resolución de los litigios venía dada por un oráculo opaco, misterioso, e irrebatible.

José Antonio López

Socio-Director de la Firma

LOPEZ GIMENEZ TORRES

Alicante

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